Es ampliamente conocida la notable relación sentimental que tenían Sartre y Beauvoir, que de acuerdo a parámetros de la época (y aún hoy) eran totalmente transgresores. Se sabe que Beauvoir provenía de una familia pudiente que perdió su fortuna en los años 20, lo que convirtió a Beauvoir en una mujer que no podía casarse al no tener dote. Esto le permitió seguir estudios superiores, viajar, dedicarse a lo que le gustaba. Así fue que, aunque Sartre era el compañero de su vida, concordaron que la relación sería libre.
Se conocieron en el concurso para profesor adjunto de filosofía, en la Sorbona. El jurado le dio el primer lugar a Sartre y el segundo a Beauvoir (que por cierto, en la época, a los 21, era la persona más joven en pasar el examen) en el tope de los máximos puntajes. Él, referente máximo del existencialismo. Ella, prominente referencia del feminismo. Tal era el nivel de brillantez que juntaban ambos y mucho se debate sobre cuánto se influyeron el uno al otro en sus ideas.
Pero volviendo a la naturaleza de la relación que sostenían ambos, se sabe que hasta llegaron a compartir amantes. Algunos comportamientos que sostuvieron mientras ejercían de profesores dejaban mucho que desear desde un marco ético convencional. De hecho, se le revoca a Beauvoir su permiso para enseñar en Francia a raíz de una demanda por secuestro de una menor. Esto, desde luego, no logra empañar la magnitud de sus aportes al pensamiento y a la cultura moderna (que errores los solemos tener todos).
Durante una visita a Chicago en 1947, Beauvoir inicia un romance con Nelson Algren, que duró (a distancia) muchos años. En 1950, Algren rompe con Beauvoir debido a la necesidad de una relación permanente y estable en su vida. Beauvoir entonces le escribe esta conmovedora carta durante el viaje de regreso de la visita en la que Algren le manifiesta la decisión de separarse (Puede leerse más en Brain Pickings y Wikipedia):
"Estoy más en seca tristeza que en fría rabia, pues permanecí con los ojos secos hasta ahora, tan secos como un pescado ahumado, pero mi corazón es una especie de flan suave y sucio por dentro.
[...]
No estoy triste. Más bien estoy pasmada, muy lejos de mí misma, no creyendo realmente que estés tan lejos, tan lejos, estando tan cerca. Quiero decirte solo dos cosas antes de irme, y luego no hablaré más de ello, lo prometo. Primero, tengo muchísima esperanza, quiero y necesito tanto volver a verte, algún día. Pero, recuerda, por favor, nunca volveré a pedir que nos veamos - sin atisbo de orgullo dado que no lo tengo contigo, como sabes, pero nuestro encuentro significará algo solamente cuando lo desees. Así que esperaré. Cuando lo desees, solo dilo. No asumiré que me amas de nuevo, ni siquiera que debas dormir conmigo, y no es necesario que permanezcamos juntos mucho tiempo - solo lo que sientas, y cuando lo sientas. Pero debes saber que siempre anhelaré tu pedido de vernos. No, no puedo pensar que no te veré de nuevo. He perdido tu amor y fue (lo es) doloroso, pero no debo perderte a ti. De cualquier manera, estoy tan en tus manos, Nelson, lo que me diste significó tanto, que jamás te lo podré devolver. Y además tu ternura y amistad fueron tan preciosas para mí que todavía puedo sentirme cálida y feliz, y severamente agradecida cuando te veo dentro mío. Espero que esta ternura y amistad nunca, nunca me abandonen. Por mi parte, es desconcertante decir eso y me siento apenada, pero es la única verdad verdadera: sólo te amo tanto como cuando aterricé en tus decepcionados brazos, eso significa con todo mi ser y todo mi sucio corazón; no puedo amarte menos. Pero eso no te debe molestar, cariño, y no consideres un deber escribir cartas de cualquier tipo, sólo escribe cuando así lo sientas, siempre sabiendo que me hará muy feliz.
Bueno, todas las palabras parecen tontas. Te veo tan cerca, tan cerca, permíteme acercarme a tí, también. Y permíteme, como en los viejos tiempos, estar en mi propio corazón por siempre.
Tu propia Simone."
