sábado, 26 de septiembre de 2015

Nubes negras

Es interesante cómo una conclusión va fraguando en la mente, algo que no se puede precisar, o siquiera concebir en un momento determinado surge como una luz luego de horas y horas de tener la idea principal dando vueltas en la cabeza sin poder entender la razón por la que está allí. Y es que no puedo evitar sentir este conflicto entre esa admiración por la libertad sexual y a la vez el propio ego haciendo fuerzas por ser la persona más significativa de tu vida... y vos hablándome neutro, desde referencias sin dar énfasis o consideración a MI nombre: "el sexo con mi pareja es lo máximo", "quisiera encontrar un hombre que no sea así", etc. Esas abstracciones tuyas son eso, abstracciones sin nombre, con alta carga de individualismo.

Nada hay que reprocharte... no sé si hago bien en ofrecerte estos pensamientos que aparecen y desaparecen en lo más oscuro de mi cajita de sorpresas, imaginando las situaciones que me narraste producto de tus vivencias pasadas en cuestiones íntimas, mi propia máquina de morbo y desvarío. Mi propia carga remanente de machismo animal rebelándose por no ser "el único" en tu vida, por saber si supero en algo por lo menos a los anteriores, y rogando que los posteriores no estén a mi altura. Y me consuelo haciendo el rejunte de indicios que lanzás, haciendo esfuerzos por armar el rompecabezas de mi estabilidad emocional en peligro.

PD 1: Lamento si la decencia fue desbordada, este es un momento de perdición en que quise mostrar parte de la podredumbre dentro mío.
PD 2: No hay necesidad, y ruego que no contestes ni saques a colación esto que te escribo.
PD 3: Afortunadamente estoy logrando aplacar, controlar, dominar, estos pensamientos poco sanos.... y tampoco es un reproche, tomalo como una expresión escrita describiendo un estado mental al que le cuesta no proyectarse al futuro y atenerse estrictamente a la filosofía de "vivir el presente". No tengo las herramientas emocionales para descargar el lastre que no me sirve, y sé que llegado el momento estaré destruido, huelo nuevo error mío, tal vez no deba confesar estas cosas, para nada es mi intención manipularte para retenerte, y confío en mis habilidades para sí lograr que por mérito mío, limpio, sincero y honesto, te quedes conmigo.

Sos mi vida...

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Fragmentos del "Anarquismo Individualista"

El anarquista y el amor

Si se trata de las relaciones sexuales o afectivas, no hay nada más absurdo que los prejuicios en que reposan y las consecuencias que producen. Es una infamia general que se tolere una moral femenina distinta a la masculina. En esta cuestión la mujer está doblemente sometida a la esclavitud y a la ignorancia y sufre además la anormalidad de la castidad o pureza sexual forzosa.


Al amor esclavo, único que conoce la sociedad actual, debe oponerse el amor libre; a la dependencia sexual de la mujer, considerada generalmente como carne de placer, la libertad sexual o sea la la facultad para ambos sexos de disponer a su antojo de los deseos y aspiraciones de su temperamento sensual o sentimental.


Amor libre y libertad sexual

El anarquista sabe distinguir entre libertad sexual o amor libre y promiscuidad o desarreglo, pues mientras aquél reposa siempre en una elección consciente o razonada, aunque no excluye ni la impulsión sentimental ni el deseo emocional, en el sensualismo puro, la promiscuidad denota un desequilibrio, casi siempre en favor del elemento masculino y si puede convenir a algunos temperamentos sería irracional extenderla a todos. La mujer que por deber anarquista se creyese en la obligación de entregarse a cualquier camarada sin atender a sus inclinaciones, sería un verdadero contrasentido de la misma idea.


El amor libre comprende muchas variedades que se adaptan a los diversos temperamentos amorosos: constantes, volubles, tiernos, apasionados, sentimentales, voluptuosos, etc., y reviste las formas de monogamia, poliandria, poligamia y pluralidad simultanea; no tiene en cuenta los grados de parentesco y admite sin reparo la unión sexual entre muy próximos consanguineos; lo que importa es la mutua satisfacción y como la voluptuosidad y la ternura son aspectos del goce de vivir deben perseguirse individualmente. Mientras uno busca su placer en la variedad de las experiencias amorosas, otro lo encontrará siempre en la unidad, lo cual no será obstáculo para que el amor exista y se armonice.

Las necesidades sexuales son más imperiosas en ciertos periodos de la vida, como la unión sentimental es también en otros más apremiante que la pura satisfacción material. La observación y aplicación de todos estos matices es lo que constituye el amor libre. Como todas las faces de la vida anarquista, esta no admite reglas establecidas. A cada uno corresponde deducir las conclusiones de su propia experiencia que más convengan también a su emancipación.


El anarquismo individualista - Émile Armand