domingo, 22 de febrero de 2015

Des-satanizar el trabajo sexual

Una visión planteada por algunos detractores de la prostitución (pudiéndose extenderse a la pornografía) femenina sostiene que es condenable porque en ella lo que se hace es convertir el cuerpo en mercancía y venderlo. Aquí voy a desmenuzar un poco el concepto partiendo de algunas premisas:

  1. No haré juicio de valor acerca de lo moral o lo inmoral del enfoque mercantilista que se enmarca en la lógica capitalista. Aquí no voy a hablar sobre si está bien el capitalismo o no, me limito a analizar la propuesta de que la prostitución es un trabajo DIFERENTE, al resto de los trabajos enmarcados en procesos capitalistas.
  2. Hablo de relaciones VOLUNTARIAMENTE establecidas en un contexto que no admite trata, ni coerción alguna por parte de ninguno de los implicados en la relación, ni de terceros. El análisis es sobre la naturaleza intrínseca de la prostitución como un intercambio de sexo por dinero. Quien quiera inmiscuir el contexto específico para prohibir una actividad general camina sobre terreno fangoso, porque bajo ese criterio hay que prohibir la construcción, por los inmigrantes ilegales que contrata bajo condiciones abusivas, prohibir el vestido, la ropa, los tejidos, por el trabajo esclavo en no pocas fábricas textiles, y así un sinúmero de sinsentidos que mezclan cosas que, mal que me pese juzgar, parecen más producto de una moral que retrocede volviendo tabú el sexo, ignorando que además de la función reproductiva y afectiva, lo es recreativa.
Dicho y hecho, la proposición que se analizará es "en la prostitución se vende el cuerpo". Lógicamente, la conclusión es que es una forma de esclavitud, que es explotación, incluso violencia de género. Que es una expresión del patriarcado y llegan incluso a inflar un discurso dramatizador del tipo "es un invento de los hombres para someter y mantener a las mujeres en disponibilidad sexual". Los hombres, de nuevo los hombres. Siempre los hombres. Dejo allí el asunto de los hombres. 

De partida paso a desmontar una idea de que la mayoría (algún exagerado dice que todas) de las prostitutas no son felices en sus trabajos, que están allí porque no tienen opción o que si pudieran estarían haciendo otra cosa. Noticia: la abrumadora mayoría de la población, y que no está en la prostitución, no está contenta con sus trabajos, por diversas razones. Por ejemplo, en EEUU el porcentaje ronda el 70%, en México también, y de acuerdo a ciertas estadísticas de Gallup en 142 países, con una muestra de 230.000 personas trabajando a tiempo completo y parcial, resulta que el 63% no se siente comprometido con su trabajo y el 24% directamente lo odia. Es decir, tenemos un 87% de personas que si pudieran, estarían haciendo otra cosa. Solamente 13% se siente a gusto y comprometida con su trabajo. Estos datos dan para volver al análisis del sistema y desembocaría en la remanida crítica al capitalismo, pero no es el objeto de este artículo, así que el asunto se destapa aquí y encauza la objeción al siguiente nivel. De hecho que todos tenemos trabajos que no haríamos si estuviera a nuestro alcance no hacerlo, como ser plomero, albañil, guardia privado o cajero. Hasta que encontramos que hay gente que pagaría bien por que se le destape un inodoro y tal vez hasta nos parezca un trabajo atractivo, de hecho en la mayoría de los países de primer mundo te cobran muchísimo por cambiar un grifo, que si estás un poco informado, no cuesta nada.

Pero volvamos al enfoque específico de la prostitución como esclavitud, como explotación, como violencia de género. Clásicamente se define a la esclavitud, en sentido riguroso, no metafórico (que ya tiene un uso extendido) como una persona "que carece de libertad por estar bajo dominio de otra". ¿Una prostituta está bajo dominio de otra persona? La definición de la RAE es vaga, pero ya que en la premisa b) (verificar) se establecía que a los efectos de este artículo estaríamos considerando únicamente relaciones voluntarias y libres, una prostituta no está bajo dominio de otra persona que le paga, de la misma forma que un cajero no está bajo dominio del dueño del supermercado. Bajo la lógica del capitalismo, lo que se paga es el servicio, el cajero se compromete a entregar su trabajo, a cambio de dinero, pero es libre (en términos de la relación en sí, no del contexto particular del empleado) de definir, aceptar o rechazar condiciones, e incluso irse cuando así lo prefiera, en cualquier momento de la relación laboral. Si tiene muchas cuentas, familia o pocos ahorros es otro cantar, ya depende de la personalidad específica del empleado decidir en qué momento irse y hasta dónde puede aguantar un ambiente de trabajo dado.

Surge nuevamente el asunto de la explotación, que solamente puede tratarse en dos aspectos: en el caso de la apropiación de plusvalía intrínseca del capitalista según la crítica marxista, o en el caso del trabajo miserablemente pagado o practicado en condiciones miserables. De nuevo, el primer caso no es tratable aquí, el segundo ya merece una consideración especial. Porque trabajos miserablemente pagados o practicados existen muchos, por supuesto que es una condición indeseable pero poco habla de la actividad en sí, todos sabemos que el trabajo de un cajero miserablemente pagado es detestable por la paga, no por la actividad per se.

¿Se vende el cuerpo en la prostitución? Cabría hacer otra pregunta análoga: ¿se vende el cuerpo cuando contrato a un paisajista? Es decir, los elementos comunes en la transacción son la negociación, el acuerdo y la transacción, que implica proceder a entregar el bien o efectuar el servicio y retribuir con la paga acordada. Este es el proceso en cualquier relación comercial libre. El paisajista no sigue estando a mi disposición cuando se termina la relación laboral, el paisajista con seguridad me cobrará más caro por aquellos trabajos que sean más complejos. Lo mismo sucede en el sexo, no puede decirse que es el cuerpo de la prostituta el que pasa a manos del comprador, es el tiempo de ella, terminado el cual, cada uno se va por su lado. La prostituta puede decidir que no cogerá sin condón, que no acepta el sexo anal, o que cobrará más caro por una felación. 

Razones hay por las cuales una mujer (u hombre) puede optar por prostituirse. Y no tienen que ver necesariamente con tener una familia rota, provenir de un nicho social marginal o estar en condición de vulnerabilidad social. Amarna Miller observaba que:

"Viendo que soy una persona que disfruto exhibiéndome y me gusta mostrarme, y sabiendo que tenía una libido muy alta, me pareció una profesión que podía integrar diferentes puntos de mi vida que me gustaban y me llenaban. Pero fue simplemente un planteamiento, no me lo imaginaba como un trabajo, sino como un «a ver qué tal y si me gusta me meto»".

Es decir, el estereotipo de la trabajadora sexual proveniente de familias desestructuradas ya no corre, y tampoco, en rigor, fue un argumento válido en sí mismo por la misma razón que una condición histórica de una colectividad no la define, como es el caso de las mujeres que son minorías en ciencia, o que son independientes. Me aclaro, 50 años atrás era impensable que una mujer sea jefe de hogar, independiente. Eso no puede significar que la mujer no tenga aptitudes para ser empresaria o liderar una familia.

Belle Knox se metió al mundo de la pornografía para pagarse sus estudios. No faltan las objeciones que nuevamente citan al sistema capitalista por obstaculizar el acceso a la educación, ni las críticas afirmando que Knox arruinó su vida social y familiar gracias a incursionar en la pornografía, sin embargo eso tiene más que ver con la moral estadounidense imperante que tiene prejuicios y tabúes contra el sexo que con la pornografía en sí, que si condenásemos a las prostitutas y actrices porno por la condena social, también condenaríamos a los homosexuales y a cualquier minoría por las mismas razones. Cuestión de raseros, digamos. Mía Khalifa está casada y logró ser actriz porno situada #1 en el ránking de estrellas porno de Pornhub, piensa hacer una carrera en el porno de la misma forma que un futbolista lo hace en su disciplina, sin mayor pena ni culpa, y está en el centro del huracán por haber rodado escenas porno con vestimenta islámica, podríamos decir que resultó ser una activista por las libertades individuales a estas alturas, quién lo diría. Lo mismo para grandes mujeres en el negocio, como Stoya, Sasha Grey y Erika Lust, las tres pueden considerarse caras visibles de la militancia feminista, que escriben y hablan sobre libertades, sobre el sistema y cómo pretenden cambiar el paradigma vigente en ese mundo y sobre como se percibe.

Valerie Tasso, la del Diario de una ninfómana, que un tiempo se dedicó a la prostitución de lujo, sostiene sobre el tema que "[e]l debate no es si hay que abolirla, regularla o prohibirla sino que hay que hacer una profunda reflexión, hacer una rehabilitación moral de las meretrices". En este sentido, la prostitución tiene su ambiente doméstico, ella sostenía que la prostitución es "[f]undamentalmente una retribución, como hace un abogado cuando alguien llega a pedirle consejo, pero si su mirada está entrenada ve mucho más allá, ve a un ser humano capaz de explicarle algo con sus fragilidades, sus puntos de fractura, su miedo y sus estupideces." Una especie de vida de servicio, que el dinero no es una barrera para alcanzar la satisfacción personal en la actividad a la que uno se dedica, como concluía este hombre en su testimonio de Casual Sex Project.

Why I'm happy I became a prostitute
La prostitución no necesariamente se trata de cosificar a la mujer, en este excelente relato en inglés, de una prostituta, ella da un panorama más humano sobre la siquis de lo que se espera de una meretriz sin mayores dilemas, y de los problemas (también humanos) de sus clientes. Habla de las ventajas de la prostitución en su caso particular, y de cómo ella aprovechaba la lógica capitalista para ventaja personal, y desvela un par de razones por las que los hombres contratan prostitutas. 

"Según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), el cliente habitual era en 1998 un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años. En 2005 abundaban los jóvenes de 20 a 40, con una media de edad de 30 años.



Y estos jóvenes no van al burdel a buscar el sexo que no encuentran en otros sitios. Van en busca de una variedad, y una profesionalidad, que no pueden ofrecerles sus ligues y novias. Lo hacen normalmente en grupo, dentro de despedidas de solteros, cumpleaños o, sin excusas, como guinda de una noche de fiesta.


Ahora los chicos jóvenes igual que un día van al paintball otro día se van de fulanas. Es un juego más. Y eso es nuevo."


Confessions of a prostitute

El artículo da una mirada moderna general acerca de las razones por las que un hombre contrata prostitutas, y es que algunos esperan pasarla bien pagando, de la misma forma que uno liga casualmente, sin el protocolo previo. Este otro artículo en inglés, en el que introduzco acá el concepto de "girlfriend experience", las visitas a prostitutas no se restringen a lo sexual, sino incluye una conexión más íntima, en la medida de lo posible. 

Vía featureshoot.com
"El trabajo sexual puede ser un ámbito liberador para las mujeres. Puede permitirnos ser empresarias y ganar un ingreso sostenible y no gravado. Nos permite trabajar en nuestros propios términos y solo unas pocas horas al día e incluso unos pocos días a la semana. Puedo poner toda mi atención en mi educación y disfrutar la vida sin preocuparme por tener que soportar algún trabajo de sueldo mínimo de 40 horas a la semana."

Este fragmento de un testimonio de una prostituta rescatada de la trata y que optó por dedicarse nuevamente a la prostitución por voluntad propia da cuenta de que es falso que la prostitución sea un panorama completamente negro y desolador para las mujeres, sino que constituye una alternativa bien válida de salir adelante.

Dicho todo lo anterior, habría que replantearse si vale la pena criminalizar una actividad que idealmente debe restringirse únicamente a las voluntades entre dos o más individuos. La discusión sobre el trabajo sexual es una discusión sobre la libertad.