"...sólo sé que esté en la situación que esté,
en el lugar que esté,
no importa con quién esté,
tirame señales de humo,
como sea te voy a buscar."
Algunas veces en la vida suceden esas cosas que te sacan del letargo. De esas que uno no cree posibles por imaginarlos en la cultura, como retazos de romanticismo caducado, cursi. Cosas que a la vez no se concretan, pero que viven del alimento de dos que no llegan a unirse.
Personas maravillosas. Mujeres maravillosas. Que por alguna cuestión debemos desechar de los afectos, abstenernos de sentir algo. Asumir nuestra condición de propiedad afectiva de otro. De hacer "como sí" porque esperan algo de nosotros.
Se me ocurre que te extraño tanto que podría despertarte en mis sueños,
para que amanezcas conmigo...
contar los días que sobran para escalar montañas...
tirarnos por la ventana del abismo a un lago escondido...
caminar suspendidos sobre la turba...
mirar las truchas nadando desde un barranco...
y saciar la sed con chorrillos de glaciares...
Se me ocurre que visitemos a Don Castor,
y disfrutar largas charlas de ingeniería civil, arquitectura,
conservacionismo, ecología y aventura...
Se me ocurre cristalizar todos los momentos que pasemos
y vivir como los copos de nieve,
suavemente, bailando con la brisa..
Se me ocurre que cuando estés aquí podría guardarte de los que te buscan,
y regalarte a mis delirios...
Así es que estas personas maravillosas nos mueven el piso. Nos mantienen en régimen del "fuera de la ley". Del libreto que está escrito en ese lugar donde se redactan las normas sociales. Las normas sociales que moldean hasta lo que sentimos, y de nuevo los sentires moldean las normas sociales en un feedback perverso que genera dolor e insatisfacción de los que no están cortados por la misma tela. Y la siquis programada, coherente, que no se rebela, colabora con el régimen opresivo, impide el contacto, reprime. Paquetes de culpa y cargos de conciencia desbancan todo intento por la naturalización de los actos, por buscar satisfacer aquel sentir que brota puro del interior.
"Dame una razón, no me des opción, porque voy a cometer el mismo error..."
Necesito alimentarme de tu voz,
de tu mirada, de la calidez de tus manos,
de la grandeza de tu abrazo.
Necesito alimentar mis recuerdos,
alimentarme de tus pensamientos,
alimentarme de tus silencios,
de tu paz, de tus dudas, necesito...
te necesito.
Y así fue que, por medios electrónicos se fusionaron. Burlaron la realidad y se unieron, sin necesidad de dar cuentas. Ni sentir temores, ni culpas. Sólo fueron ellos y sus sentires y emociones. Y delirios...
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