miércoles, 9 de septiembre de 2015

Fragmentos del "Anarquismo Individualista"

El anarquista y el amor

Si se trata de las relaciones sexuales o afectivas, no hay nada más absurdo que los prejuicios en que reposan y las consecuencias que producen. Es una infamia general que se tolere una moral femenina distinta a la masculina. En esta cuestión la mujer está doblemente sometida a la esclavitud y a la ignorancia y sufre además la anormalidad de la castidad o pureza sexual forzosa.


Al amor esclavo, único que conoce la sociedad actual, debe oponerse el amor libre; a la dependencia sexual de la mujer, considerada generalmente como carne de placer, la libertad sexual o sea la la facultad para ambos sexos de disponer a su antojo de los deseos y aspiraciones de su temperamento sensual o sentimental.


Amor libre y libertad sexual

El anarquista sabe distinguir entre libertad sexual o amor libre y promiscuidad o desarreglo, pues mientras aquél reposa siempre en una elección consciente o razonada, aunque no excluye ni la impulsión sentimental ni el deseo emocional, en el sensualismo puro, la promiscuidad denota un desequilibrio, casi siempre en favor del elemento masculino y si puede convenir a algunos temperamentos sería irracional extenderla a todos. La mujer que por deber anarquista se creyese en la obligación de entregarse a cualquier camarada sin atender a sus inclinaciones, sería un verdadero contrasentido de la misma idea.


El amor libre comprende muchas variedades que se adaptan a los diversos temperamentos amorosos: constantes, volubles, tiernos, apasionados, sentimentales, voluptuosos, etc., y reviste las formas de monogamia, poliandria, poligamia y pluralidad simultanea; no tiene en cuenta los grados de parentesco y admite sin reparo la unión sexual entre muy próximos consanguineos; lo que importa es la mutua satisfacción y como la voluptuosidad y la ternura son aspectos del goce de vivir deben perseguirse individualmente. Mientras uno busca su placer en la variedad de las experiencias amorosas, otro lo encontrará siempre en la unidad, lo cual no será obstáculo para que el amor exista y se armonice.

Las necesidades sexuales son más imperiosas en ciertos periodos de la vida, como la unión sentimental es también en otros más apremiante que la pura satisfacción material. La observación y aplicación de todos estos matices es lo que constituye el amor libre. Como todas las faces de la vida anarquista, esta no admite reglas establecidas. A cada uno corresponde deducir las conclusiones de su propia experiencia que más convengan también a su emancipación.


El anarquismo individualista - Émile Armand

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